L1 en la clase de ELE: ¿enemiga o aliada?

 

se habla español

A lo largo de mis prácticas en Just Languages, uno de los dilemas a los que me he tenido que enfrentar es el del uso de la L1 en la clase de español como lengua extranjera. Y es que, pese a que la teoría comunicativa más canónica indica que lo adecuado es hablar en español desde el inicio, muchos estudiantes (sobre todo los principiantes) se ven incapaces de entender instrucciones básicas o de expresarse en español, lo que va en detrimento de su deseo inicial de “querer hablar más en español”.

Sin duda, en estos casos, la labor del profesor es la de adaptar su lengua (tono, velocidad, etc.) y los contenidos de la clase al nivel y a las necesidades de sus alumnos, a la vez que hace uso de todos los recursos a su alcance (visuales, gestuales, sonoros, etc.) para evitar la traducción directa al inglés o a la lengua materna de los alumnos en cuestión. Para saber más a este respecto, sería interesante consultar el artículo de José Luis Barranco Pérez sobre “La colaboración del discurso del profesor en la adquisición de una lengua extranjera“.

Sin embargo, sigue habiendo casos en los que, aun teniendo buenas actividades y adaptando el discurso, la L1 se convierte en un invitado no deseado. Me refiero en especial a los grupos en los que los alumnos comparten la L1, donde es más que probable que aquello de “en español, por favor” se deba repetir alguna que otra vez.

Siendo así, ¿qué papel juega realmente la lengua materna del alumno? ¿Hay ocasiones en que es positivo recurrir y/o dejar que se use en la clase de ELE?

Para responder a estas cuestiones, he aquí algunas de las bondades de la L1 en clase de ELE (basándome en el artículo de Mar Galindo “L1 en el aula de L2: ¿por qué no?“):

  • En las clases monolingües, los estudiantes pueden sentir la necesidad de ayudarse entre ellos, trasladar conceptos a su lengua materna… En definitiva, establecer una conexión con los conocimientos ya asentados en la lengua materna. En estos casos, prohibir el uso de la L1 podría significar también “privar a los alumnos de una preeminente herramienta de aprendizaje”.
  • En el caso de alumnos para los que la L2 puede ser fuente de ansiedad y frustración, el uso ocasional de su lengua materna puede contribuir a crear una atmósfera relajada y, por tanto, contribuir a su correcto aprendizaje. Así, la presencia de la L1 va más allá de lo lingüístico y se relaciona con factores afectivos. En el artículo de Mar Galindo se menciona que “aquellos [alumnos] cuya primera lengua no es hablada por nadie más suelen abandonar las clases rápidamente, mientras que quienes han establecido ‘grupos de apoyo’ en su L1 se quedan hasta el final del curso”.
  • En estadios iniciales, y especialmente con adultos con poca o ninguna alfabetización, la L1 es indispensable como instrumento de mediación. Según esta visión, el aprendizaje de la nueva lengua debe ser “una suerte de transición natural de la L1 a la L2”.
  • En ocasiones, el análisis contrastivo de L1 y L2 puede ser beneficioso a la hora de trabajar los falsos amigos, así como para advertir de los peligros de una traducción palabra por palabra. Además, el conocimiento de la L1 por parte del profesor (siempre que sea posible, e independientemente del uso que haga de ella en el aula) es un buen modo de comprender la fuente de algunos errores de sus alumnos.

En definitiva, pese que para algunos la presencia de la L1 en la clase de idiomas sea una especie de maldición indestructible, su papel facilitador parece innegable. Ello no implica, eso sí, que debamos sustituir la lengua meta (principal lengua de instrucción y comunicación en el aula), pero sí que conozcamos los beneficios de la L1 y que sepamos hacer un uso inteligente de la misma.

En palabras de Simon Gill (citado a su vez por Mar Galindo)…

I do feel strongly that the L1 should not be used simply as an optional “spice” […]. It is much more basic than that; it is something that every learner in every classroom possesses, and I believe that we, as teachers, need to be clear in our minds, not about whether it should be used (by us, by learners, or by both), because, whether we like it or not, it will be anyway, but about, first, when and why it should be used, and then, once we have got that straight, how.

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