El léxico con sangre entra

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Intuyo que la reacción al leer el título de este post puede tomar dos direcciones diferentes. La de algunos quizás sea la de pensar “¿Tortura en clase? ¡Se han cumplido mis plegarias!“. La de otros, por el contrario, tal vez sea la de metamorfosearse por un segundo en Raphael y gritar aquello de es-cán-da-lo a los cuatro vientos mientras musitan “Hasta ahí podíamos llegar…“. Que no cunda el pánico, no siempre todo lo que se escribe es literal, y los alumnos pueden estar tranquilos porque en las clases de ELE nadie resulta herido (en principio).

Lo de la sangre no pretende ser ninguna apología de la violencia, sino más bien una referencia a la leyenda de Sant Jordi. Y es que hace apenas unos días, en la librería donde trabajo como voluntaria (Tuuu Librería, cuyo reconocible sillón veis en la foto) hemos pasado una agitada jornada atendiendo tanto a curiosos, como a visitantes ya conocidos.

De entre todos ellos, fue notable la presencia de turistas y extranjeros que deseaban llevarse algún libro “fácil” para leer en español. En estos casos, ¿qué recomendarles? Pues bien, lo que hemos hecho en la librería ha sido reservarles una pequeña sección en la que puedan encontrar, además de las ya famosas lecturas adaptadas, algún libro para jóvenes cuyo argumento pueda serles de interés (por ejemplo, libros de aventuras, de ciencia, de historia, etc.). Y aún así, pese a elegir con cariño qué libros colocar en esa sección, ¿cómo podemos estar seguros de que llegarán a entenderlos fácilmente? ¿Los disfrutarán igual que si los leyeran en su propia lengua materna?

Parece ser que no. O al menos eso es lo que demuestra un estudio citado en el artículo Leer en otro idioma te emocionará menos, donde se explica que uno se conmueve más cuando lee en su lengua materna que cuando lo hace en una segunda lengua, aunque el nivel de comprensión sea bueno. En dicho artículo leemos lo siguiente:

La explicación que se le ha dado a este fenómeno es que el aprendizaje del léxico asociado a los sentimientos se da en un contexto de por sí emotivo, a diferencia del escenario más neutro en que solemos aprender una segunda lengua.

Pero… ¿debe ser eso así necesariamente? ¿Está el estudiante condenado a no captar jamás matices de significado (y de sentimiento)? ¿Es posible “emotivizar” el contexto en que los estudiantes aprenden léxico? Tal vez.

En cualquier caso, mientras lo averiguamos, no estaría de más empezar con los 7 consejos para enseñar léxico de José Luis Álvarez Cavanillas:

infografia-7-consejos-lexico

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